Síndrome de la impostora: ¿Realidad o mito?

Maria Cudeiro

Profesora Titular de Aula Magna Business School

(Texto adaptado del artículo "¿Tienes el Síndrome de la impostora?" publicado en el blog Woman & Business por la autora, Maria Cudeiro)

Todo lo que tienes que saber sobre este trastorno que afecta al 75% de mujeres ejecutivas

¿Alguna vez has sentido que todo lo que has conseguido hasta ahora ha sido pura suerte? ¿Que realmente no deberías estar donde estás porque no te lo mereces? ¿Que pronto tus compañeros de trabajo sentirán que eres un fraude? 

Estos sentimientos forman parte de un fenómeno psicológico, conocido como síndrome del impostor/a, que refleja la creencia de que eres un fracaso inadecuado e incompetente a pesar de la evidencia que indica que eres hábil y bastante exitoso.

¿En qué consiste el Síndrome del/la impostor/a?

Esta idea de que sólo has tenido éxito por pura suerte, y no por tu talento o cualificaciones, este término de síndrome del/la impostor/a, fue definido por primera vez en 1978 por dos psicólogas de la Universidad de Georgia: Suzanne Imes y Pauline Rose Clance. Ellas definieron este concepto como “un término que se usa para designar la sensación interna de ser un farsante intelectual”. En el trabajo de investigación que publicaron ese año, llegaron a la conclusión de que este síndrome afectaba especialmente a las mujeres. Observaron que mujeres con logros académicos y profesionales impresionantes, pensaban que eran fruto de la suerte, la casualidad y que en algún momento las iban a descubrir, a menos que hiciesen un esfuerzo gigantesco. 

Hoy día, la psicóloga Audrey Ervin, menciona que este síndrome ya no solo se aplica a mujeres. Tanto hombre como mujeres pueden padecer este trastorno de no ser capaces de interiorizar su propio éxito. Algunos ejemplos de personas célebres y conocidas que lo padecían podrían ser Albert Einstein o Kate Winslet. En el caso de Einstein, se consideraba a sí mismo como un estafador involuntario y, en el de Winslet, había confesado haberse despertado la mañana de algunos rodajes pensando que no podía hacerlo porque era un fraude. Incluso, la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Lagarde, contó en una entrevista que necesitaba más horas de lo necesario para preparar por miedo a fracasar. Aunque parece sorprendente, hasta estos personajes notables han pasado por este miedo.  

¿Hay más probabilidades de que si soy mujer lo padezca?

No hay ninguna evidencia que lo demuestre genéticamente el que el síndrome sea cuestión de género, pero las estadísticas de los últimos años han concluido que es más probable que una mujer lo padezca. Y es que las características que suele tener una persona con síndrome del impostor/a se suelen dar más en mujeres.

Tipos de síndrome del/la impostor/a

Una experta de este síndrome, Valerie Young, autora del libro The Secret Thoughts of Successful Women, encontró patrones en la gente que padece el trastorno y los categorizo en diferentes grupos: 

  • Perfeccionista. Los perfeccionistas establecen metas excesivamente altas para sí mismos, y cuando no logran alcanzar una meta, experimentan grandes dudas sobre sí mismos y se preocupan por estar a la altura. Suelen ser fanáticos del control, sintiendo que si quieren que algo se haga bien, tienen que hacerlo ellos mismos. El éxito rara vez es satisfactorio porque creen que podrían haberlo hecho aún mejor.
  • El/la experto/a. sienten la necesidad de conocer cada pieza de información antes de comenzar con un proyecto y buscan constantemente nuevas certificaciones o capacitaciones para mejorar sus habilidades. Creyendo que nunca sabrán lo suficiente, temen ser expuestos como inexpertos o ignorantes. No se postularán para un trabajo si no cumplen con todos los criterios, y pueden resignarse a no hacer una pregunta en clase o hablar en una reunión en el trabajo porque tienen miedo de parecer estúpidos si no saben ya la respuesta. 
  • El genio. Cuando tienen que luchar o trabajar duro para lograr algo, él o ella piensa que esto significa que no son lo suficientemente buenos. Están acostumbrados a que las habilidades les lleguen con facilidad y, cuando tienen que esforzarse, su cerebro les dice que eso es prueba de que son un impostor/a.
  • El individualista. Las personas de este grupo sienten que tienen que realizar tareas por sí mismos/as, y si necesitan pedir ayuda, creen que eso significa que son un fracaso o un fraude.
  • La Superwoman/el Superman. Ellos/as se esfuerzan por trabajar más duro que quienes los rodean para demostrar que no son impostores/as. Sienten la necesidad de triunfar en todos los aspectos de la vida (en el trabajo, como padres/madres, como socios) y pueden sentirse estresados cuando no están logrando algo.

¿Cómo salimos de este pozo sin fondo?

  1. Cree en ti mismo/a

Piensa en positivo, ten confianza y replantéate tus pensamientos. Young menciona que la única diferencia entre alguien que experimenta el síndrome del impostor y alguien que no, es la forma en que responde a los desafíos. Las personas que no se sienten impostores no son más inteligentes, competentes o capaces que el resto. Solo tenemos que aprender a pensar como no impostores. Aprender a valorar la crítica constructiva, comprender que en realidad estás desacelerando a tu equipo cuando no pides ayuda, o recordar que cuanto más practiques una habilidad, mejor serás en ella y te resultará útil en el futuro.

“La motivación viene de casa”, un trabajador/a motivado/a siempre da lo mejor de sí mismo/a. Para motivarse a uno mismo, simplemente céntrate y recuérdate a ti mismo/a la cantidad de habilidades y situaciones favorables que uno/a tiene para conseguir su objetivo, y sobre todo para disfrutar mientras se hace. Maria Cudeiro nos recomienda dos libros de psicología positiva para conseguir motivarnos: Vivir la vida con sentido de Victor Küppers y Positivity de Barbara Fredrickson. 

Ejercicios que podemos hacer también para “subirnos la moral” son hacernos cumplidos delante del espejo o, antes de un examen o reunión importante, adoptar “la postura del superhéroe o superheroina”: de pie y muy erguido/a, con los hombros hacia atrás, el mentón elevado ligeramente hacia arriba, con tus manos sobre la cintura y tus piernas a la altura de la cadera. Mientras mantienes esta posición dite a ti mismo: ¡Yo puedo! Como diría en expresidente estadounidense Barack Obama: “¡Yes we can!”

  1. Sé constante

Cuando Thomas Edison inventó la bombilla, no le salió a la primera, ni a la segunda, ni a la tercera. Es más, realizó más de mil intentos, e incluso, un discípulo suyo llegó a preguntarle por qué persistía en construir una bombilla, si tras más de 1000 intentos no había conseguido más que fracasos. A esto, Edison le respondió: “No son fracasos, he conseguido saber 1000 formas de cómo no se debe hacer una bombilla”. 

Otro ejemplo es el de J.K. Rowling, escritora de la famosa saga de Harry Potter, mujer que hoy en día es de las más influyentes del mundo. Pues bien, antes de poder publicar su obra, fue rechazada por nada más y nada menos que 12 editoriales. Cuando consiguió que le publicaran su primer manuscrito su editor le aconsejó que se buscase otro trabajo porque no le veía demasiado futuro. ¡Qué equivocado estaba!

Lo que tienen en común estas dos personas no es su largo historial de fracasos, sino el hecho de que han persistido porque tenían un objetivo en mente, no se han rendido hasta conseguirlo, y no han dejado que los fracasos o rechazos les apartaran de sus metas. ¿Creéis de verdad que ellos no pensaron “Estoy perdiendo el tiempo” o “No valgo, esto no es lo mío” en algún momento? Seguramente que sí, pero no se dejaron vencer y siguieron luchando. 

La mayoría de las personas experimentan momentos de duda y eso es normal. La parte importante es no dejar que la duda controle tus acciones. El objetivo no es nunca sentirse como un impostor. Se pueden tener “momentos de impostor”, pero no una vida de impostor.

La constancia es clave para conseguir nuestras metas. Se dice que para ser experto en algo debes dedicar un mínimo de 10.000 horas al tema en cuestión. Por eso, no dejes de formarte ni de aprender, porque esto no solo te enriquecerá sino que te dará una ventaja frente a los otros y además ganarás seguridad en ti mismo/a, y esto hará que poco a poco este síndrome del impostor/a vaya desapareciendo. 

  1. Comparte

Finalmente, también puede ser útil compartir lo que sientes con amigos o mentores de confianza. Las personas que tienen más experiencia pueden asegurarte que lo que estás sintiendo es normal y el saber que otros han estado en tu posición puede hacer que parezca menos aterrador. 

Recuerda que este síndrome no es ninguna enfermedad, sino que simplemente es un sentimiento muy común (más de lo que crees) así que compártelo porque puede que ese amigo o familiar esté pasando por lo mismo y el sentimiento de vivirlo juntos es mucho más poderoso. Sentirás que un peso se levanta de tus hombros. 

Ten en cuenta que no hay que tener vergüenza en pedir ayuda cuando la necesitas. Si no sabes cómo hacer algo, pregúntale a un compañero de trabajo. Si no puedes averiguar cómo resolver un problema, busca el consejo de un supervisor que lo apoye o incluso de un asesor profesional. Ser mentor de colegas jóvenes o ser voluntario puede ser una excelente manera de descubrir al experto/a que llevas dentro. Cuando compartes lo que sabes, no solo beneficias a los demás, sino que también te ayuda a sanar tus sentimientos fraudulentos.

No importa el perfil específico, si luchas con confianza, estás lejos de estar solo. Para dar un ejemplo, los estudios sugieren que el 70% de las personas experimentan el síndrome del impostor en algún momento de su carrera. Así que no estás solo. 

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